Construyendo talento en organizaciones inteligentes
Cada vez que se publican nuevos datos sobre el número de empresas que han cerrado, me provocan la misma reflexión: ¿Cuántos cierres hubiera sido posible evitar? Me preocupa que las empresas no inviertan en capacidad de anticipación, en gestión de los riesgos. Más allá de los fríos números sobre las empresas que cierran o las empresas que consiguen un alto crecimiento, me interesa más la parte menos estadística y más humana. Sobre todo si tenemos en cuenta que en cada empresa que cierra, además de la pérdida económica y social, hay verdadero talento que se echa a perder, al menos durante un periodo indeterminado de tiempo en el que esas personas puedan encontrar un nuevo camino laboral y profesional. Las cifras de paro constatan que los daños colaterales de los cierres empresariales tienen efectos negativos muy duraderos. Como sociedad no deberíamos permitirnos desperdiciar absolutamente nada del talento que previamente se ha construido.
Lo que dicen las estadísticas
El catedrático d’Economia Financiera y Contabilidad Oriol Amat presentó el pasado viernes un estudio sobre las razones sobre por qué unas empresas crecen y otras cierran, y el diario digital Viaempresa publicó un artículo sobre los resultados. Amat explica que en Catalunya el año 2007 había 621.391 empresas, y en el periodo que va desde 2007 hasta 2014, el número de empresas se ha reducido en 34.498, es decir, un 5,6% de disminución. Por tanto, se han cerrado muchas más empresas de las que se han creado. Dice Amat que “muy pocas empresas son realmente exitosas y son muchas las que lo pasan mal y cierran”. No son buenas noticias.
El talento en la sociedad del conocimiento
Hace unos años, leí el libro “La inteligencia fracasada” del filósofo Jose Antonio Marina, con un enfoque realmente muy interesante y una finalidad pedagógica: reducir la vulnerabilidad humana y su obstinación a tropezar doscientas veces con la misma piedra. Afirma que el gran objetivo de la inteligencia es la felicidad, y por lo tanto, la inteligencia que triunfa es “la que inventa lo que es valioso en nuestra vida pública o privada”. La verdad es que me encantó y lo he releído muchas veces, pero no lo había conectado con el management y la creación de valor hasta que lo leí en una entrevista reciente a Marina en el diario digital cateconomica.com. El artículo destacaba que “Las empresas que aprendan saldrán adelante y las que no lo hagan se quedarán atrás”.
Dice Marina que, además de repetirnos el mantra de que hemos entrado en la sociedad del conocimiento, hay que ir un paso atrás. “Ni el conocimiento se recibe por revelación ni se inventa desde cero ni se desarrolla desde cero. Todo hay que aprender a hacerlo, y por lo tanto, donde hemos entrado ha sido en la sociedad del aprendizaje.” El cambio constante obliga a las personas y organizaciones a aprender más rápido que lo que hace su entorno, o de lo contrario quedan aparcadas de la rueda.
Organizaciones inteligentes
Pero el aprendizaje no se puede imponer. Volviendo al management, las organizaciones sólo aprenden por medio de personas que aprenden. Y aprender es una actividad nueva para las empresas. Deben aprender a aprender. Es su gran reto para no convertirse en una cifra más de las estadísticas de cierres empresariales. Tal como dice Marina, “el talento es precisamente la inteligencia que ha aprendido a gestionar la información y las emociones, a tomar decisiones… El talento es fruto del aprendizaje”. La clave estará en construir una cultura empresarial favorable al aprendizaje. Hay que reconocer que se trata de un cambio de paradigma, pero imprescindible para construir el futuro.
No puede ser una excusa la falta de recursos, puesto que podemos encontrar ejemplos de personas, empresas, y sociedades que han construido entornos favorables para el aprendizaje sin aumentar sus partidas presupuestarias. La experta en e-liderazgo Silvia Leal lo explica de forma clara y contundente en este video de #reimaginaeltrabajo en el que afirma que “la innovación no se puede comprar” Explica que no hay que confundir que no haya que financiar los recursos necesarios para hacer innovación; pero la idea fundamental es que sin personas motivadas, tan sólo poniendo más dinero encima de la mesa, esto no va a traer automáticamente más innovación. Concretamente, “cuando no hay más partida presupuestaria, el único camino es sacar todo el talento disponible.”
Un nuevo management debe enfocarse para la gestión de las nuevas empresas en el siglo XXI. Como dice Marina, “las empresas necesitan ser empresas inteligentes, identificar inmediatamente los problemas y movilizar todo el talento para dar soluciones”. Me quedo con la necesidad de aprender continuamente como la mejor de las prácticas para conseguir no sólo captar y gestionar talento existente, sino también crearlo.
Chus Blasco
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