La curiosidad como fuente de riqueza
Siempre me sorprende la forma peyorativa en la que se utiliza la palabra empresario. La mayoría de las personas piensa que las empresas ganan dinero comprando barato, pagando lo menos posible a sus trabajadores, y vendiendo caro, es decir, poniendo precios muy elevados que no se corresponden con los costes de producir aquellos productos y servicios que son propios de su actividad, a fin de enriquecerse cuanto antes mejor. Sin duda, esta forma de hacer negocios ha funcionado para muchos y durante largos periodos de estabilidad económica.
Especialmente ha sido así para aquellas grandes empresas que han estado cerca del poder y se han beneficiado de contratos de favor. Sin embargo, no responde en absoluto a la forma en la que desarrollan sus negocios la mayoría de empresarios que yo he conocido. Estas personas no responden al perfil del enriquecimiento sin límites sino más bien a personas proactivas que defienden sus proyectos empresariales, sin apenas separación con el proyecto vital. En general, las pymes y las microempresas, debido a su pequeña dimensión, no pueden influir en su entorno, así que no pueden permitirse excesos que son exclusivos de las empresas más grandes. Pero la distancia entre lo que piensa la mayoría de la gente y la realidad no es exclusiva en cuanto a los empresarios y las empresas.
El método científico
Stuart Firestein, profesor de neurociencias y jefe del Departamento de Biología de la Universidad de Columbia, en su conferencia “La búsqueda de la ignorancia” plantea con atrevimiento y provocación que lo que impulsa la ciencia es la ignorancia. Menciona para empezar un viejo proverbio “Es muy difícil encontrar un gato negro en un cuarto oscuro, especialmente cuando no hay ningún gato”. Bromea desde el inicio con la percepción que muchas personas tienen sobre lo que la ciencia representa. La gente puede tener la sensación de que el método científico consiste en una serie de reglas inmutables que se van aplicando para diseñar experimentos, y que de este modo van aumentando el saber científico. Pero Firestein nos cuenta que tan sólo es una fantasía. Que tan sólo se trata de buscar gatos en habitaciones oscuras, y que sólo si se descubre el interruptor de la luz todo el mundo dice “Oh! Mira lo que han descubierto!”. Pero nunca sabremos nada de los científicos que han dedicado su vida a un campo determinado y no han encontrado nada.
Firestein explica que en lo que respecta a la ciencia, la parte más interesante no es la que sabemos, sino la que no sabemos. Lo importante en la ciencia, son las preguntas, que pueden dar lugar a varias capas de respuestas, a inspirar múltiples soluciones. En cambio las respuestas son el final del proceso. Firestein cita a James Clerk Maxwell “La ignorancia curiosa es el preludio de todo avance real en la ciencia”.
La innovación necesita curiosidad
La conferencia de Firestein nos descubre que la parte más apasionante de su trabajo es todo aquello que todavía no ha descubierto. Es la motivación intrínseca de la innovación y el progreso: la curiosidad por aprender. No sólo para los científicos.
Las empresas que tienen éxito y lo sostienen a lo largo de los años lo son porque consiguen satisfacer lo que quieren sus clientes, y adaptarse a los cambios que estos van realizando a lo largo del tiempo. Porque innovan. La primera parte es imprescindible. El foco en el cliente es el origen de un negocio. Es la búsqueda constante a la pregunta: ¿qué quieren los clientes? La segunda parte, se aprende de forma natural cuando existe un propósito, un sentido o una pasión. El método científico permite adecuar las preguntas para adaptarse a los cambios.
Es cierto que la capacidad de gestión de un negocio tiene una parte de ciencia, de método, pero tan sólo la metodología no es suficiente para ser sostenible en el tiempo. Como dice Xavier Marcet en su artículo “La dictadura de los controllers y la innovación”, “La innovación es una suma de inspiración y de compromiso. De inspiración para conectar creativamente cosas que no es obvio pudieran ir juntas y hacerlas funcionar, y de compromiso en llevar a cabo las propuestas innovadoras con sentido emprendedor y manejo responsable del riesgo”. Tan sólo el control de “lo que hay que hacer” no va a llevar a la empresa a descubrir lo que va a enamorar a los clientes.
Volviendo a lo que nos cuenta Firestein, sólo conocemos los descubrimientos científicos que han dado resultados concretos en un campo determinado e ignoramos todos aquellos que no lo han conseguido. Del mismo modo tampoco llegaremos a conocer nunca la innovación anónima que se realiza en muchas empresas. Juan Sobejano, en su artículo “Las empresas innovadoras no existen”, las denomina “empresas que están en condiciones de innovar”. Estoy totalmente de acuerdo. Cada día miles de empresas que no llegan a sacar el mercado ningún producto disruptivo que merezca titulares de prensa, llenan su día a día de pasión por el trabajo bien hecho, enfocado a resolver los problemas y necesidades de los clientes. Su curiosidad les hace estar en permanente conversación con su entorno en una búsqueda constante de nuevas preguntas que mantengan el equilibrio entre las capacidades organizativas y las oportunidades del mercado. Son innovadoras porque tienen la capacidad de ser curiosas en su ADN, y es lo que determina su ventaja competitiva fundamental.
Chus Blasco
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